Las ondas luminosas
se transmiten vibrando en todas las direcciones perpendicularmente
al eje principal de la onda.
Por medio de la reflexión, la luz se polariza. Dirigiendo a
un espejo, un rayo luminoso, con una incidencia de 55º, se selecciona
su salida al ser reflejado, ya que solo vibra en el plano de reflexión,
recibido otra vez, en ángulo de 55º por un 2º espejo,
volverá a salir reflejado, con mayor o menor intensidad, pasando
por reflexión nula, dependiendo de la posición de dicho
segundo espejo respecto al plano del rayo luminoso polarizado, que
recibe.
Si colocamos un
polarizador sobre la platina y lo hacemos girar vemos como pasamos
de un máximo de luminosidad a un mínimo, ya que si la
luz coincide con los planos del cristal, o no, entonces pasa más
o menos luz.